Chuck Jones: el arte del gag, el clown y un mundo que pierde la lógica
El Coyote corre más allá del precipicio. Durante un instante sigue suspendido en el aire. Mira hacia abajo, comprende lo que ocurre y entonces cae. Quienes estamos mirando ya lo sabíamos. La risa vive en ese pequeño retraso: el tiempo que tarda el personaje en enterarse de su propio desastre. Para quienes hacemos o disfrutamos del clown, ahí hay toda una lección.

Volvemos a los dibujos animados, como hicimos al hablar de Tex Avery, para detenernos en Chuck Jones (1912–2002). Su trabajo con Bugs Bunny, el Pato Lucas y el Coyote permite estudiar algo que también ocurre en una pista o sobre un escenario: cómo un deseo muy sencillo puede convertirse en una complicación interminable.
Les dejamos este videoensayo de Every Frame a Painting, de Tony Zhou y Taylor Ramos: Chuck Jones – The Evolution of an Artist, publicado el 16 de julio de 2015. Una buena puerta de entrada para mirar estos cortos con ojos de payaso.
Ver el vídeo en YouTube. Chuck Jones – The Evolution of an Artist · Every Frame a Painting.
El gag empieza antes del golpe
Un gag necesita que entendamos qué está intentando hacer alguien. El Coyote prepara una trampa y nos enseña su funcionamiento. Podemos imaginar el resultado. Después, la acción tuerce esa expectativa: el mecanismo se vuelve contra él, el paisaje desobedece o la solución resulta peor que el problema.
Pero la construcción no termina en la sorpresa. Importa la confianza con que el personaje presenta su invento, la pausa antes de probarlo y la mirada con que recibe el fracaso. Podemos leer la secuencia como una pequeña partitura: deseo, preparación, expectativa, desvío y reacción. La reacción puede ser el remate más sabroso.
En el clown conocemos bien esa distancia entre lo que alguien cree estar haciendo y lo que el público está viendo. Si el personaje comparte demasiado pronto nuestra información, desaparece parte del juego. Si tarda demasiado en comprender, la espera se vacía. El timing consiste en dar a cada descubrimiento su momento.
Conviene recordar que este cine era un trabajo colectivo: guionistas como Michael Maltese y Tedd Pierce, animadores, músicos y diseñadores participaban en su construcción. Hablar del estilo de Jones permite reconocer una dirección artística; también invita a mirar el equipo que hacía posible cada gesto.
El personaje decide cómo fracasa
Poner a Bugs Bunny y al Pato Lucas frente al mismo problema produce dos escenas distintas. Bugs suele conservar la iniciativa y transformar el conflicto en un juego. Lucas quiere reconocimiento, se precipita, protesta y se enreda en sus propias exigencias. El Coyote, por su parte, convierte cada derrota en el motivo para encargar otra máquina.
En su entrevista con Terry Gross para Fresh Air, grabada en 1989, Jones vinculaba a Lucas y al Coyote con errores humanos que reconocía en sí mismo. También explicaba por qué el juego de Duck Amuck le funcionaba mejor con Lucas que su posterior variación con Bugs: la situación necesitaba una personalidad capaz de sufrirla de aquella manera.
Para un clown, esto tiene una aplicación inmediata: una caída puede hacer reír, pero empieza a contar algo cuando sabemos quién cae, qué pretendía demostrar y cómo intenta recuperar su dignidad. En las reglas del universo del Correcaminos recogidas por Jones aparece precisamente esa prioridad: los fracasos del Coyote deben afectar más a su orgullo que a su integridad.
De los cómicos clásicos al dibujo… y de vuelta al circo
Aquí hay que ordenar el viaje. Chaplin, Buster Keaton, Laurel y Hardy o los hermanos Marx pertenecen a la tradición de la que Jones aprendió. Sería invertir la historia presentarlos como discípulos suyos. La investigadora y artista Betsy Baytos cuenta, a partir de sus entrevistas con Jones, cómo estudió a estos cómicos y cómo reconocía en el caminar de Groucho una referencia para Bugs Bunny. Puede leerse en su testimonio sobre danza excéntrica y animación.
En una conversación conservada por el Museum of the Moving Image, Jones relacionaba la comedia con necesidades pequeñas: comer, encontrar un lugar donde estar, resolver lo inmediato. Esa escala ayuda a entender al Coyote. Su ingeniería es desmesurada; su deseo, elemental.
La influencia de regreso sí tiene un puente muy concreto con los payasos de la segunda mitad del siglo XX. El ADC Hall of Fame, en su biografía de 1998, señala que el Clown College de Ringling Brothers and Barnum & Bailey utilizaba los cortos del Correcaminos en sus clases de desarrollo de gags.
Y hubo encuentro personal. El archivo de la familia Jones documenta las visitas a la escuela que organizó Steve Smith, el clown TJ Tatters, su director entre 1985 y 1995. Jones conversaba con los estudiantes y les regalaba dibujos. Aquí la relación entre animación y clown sale literalmente de la pantalla.
Para mirar el clown contemporáneo podemos prolongar esa conversación: el cuerpo que parece cambiar de consistencia en Bill Irwin, los conflictos con los objetos de Pepe Viyela o Avner o las tareas obstinadas de Gardi Hutter ofrecen comparaciones fértiles con los cartoons. Son afinidades que proponemos para el análisis; no equivalen, por sí solas, a una influencia personal documentada de Jones sobre cada artista.
Metalenguaje: cuando la película se convierte en el problema
Duck Amuck (1953) lleva esta idea muy lejos. Lucas intenta actuar, pero alguien cambia los decorados, altera el sonido y borra o transforma su cuerpo. El enemigo puede ser el propio dispositivo que permite que exista la película. El corto fue incorporado al National Film Registry en 1999, como recuerda la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
Eso es metalenguaje: una obra utiliza sus propios medios de expresión como tema y como material del gag. Mirar a cámara es una posibilidad; aquí se juega además con el dibujo, el encuadre, la banda sonora y la autoridad de quien los controla. Lucas necesita que la película funcione para poder representar su papel, y la película le retira continuamente ese suelo.
En escena podemos reconocer un mecanismo semejante cuando una luz que no llega, una música que se corta o un telón que se resiste pasan a formar parte del número. La técnica adquiere un comportamiento y el intérprete tiene que negociar con ella ante el público. Desde esta lectura, el animador de Duck Amuck puede funcionar como un partenaire invisible: propone, contradice y obliga a Lucas a reaccionar.
Surrealismo: lo imposible también necesita reglas
En este mundo, un túnel pintado sobre una roca puede permitir el paso a uno y convertirse en un muro para otro. Una figura conserva su intención aunque su cuerpo cambie de forma. El espacio deja de ser una garantía y empieza a tomar partido en el conflicto.
Hablamos de surrealismo como procedimiento visual: asociaciones imposibles, metamorfosis y rupturas de la causalidad cotidiana. No hace falta atribuir a Jones una pertenencia al movimiento surrealista para observar esos recursos. Richard J. Leskosky destaca su presencia en Duck Amuck, Rabbit Rampage y One Froggy Evening en la Routledge Encyclopedia of Modernism, y subraya también los espacios abstractos o surrealizantes diseñados por Maurice Noble.
La diferencia entre una ocurrencia arbitraria y un gag legible está en el acuerdo con el espectador. Primero aprendemos una regla; después disfrutamos su alteración. Si el mundo puede hacer cualquier cosa en cualquier momento, resulta difícil anticipar. Jones convierte la limitación en una herramienta: un deseo persistente, unos comportamientos reconocibles y un espacio que permite variaciones.
Para llevarlo al escenario, podríamos imaginar una silla que solo se desplaza cuando el clown mira hacia otro lado. Es una propuesta de ejercicio: una regla imposible y muy clara. Basta sostenerla, permitir que el público la descubra y explorar cómo el personaje trata de demostrar que controla la situación.
Coyote vs. ACME: el gag llega a los tribunales
Y el Coyote sigue dando guerra en 2026. En Coyote vs. ACME, dirigida por Dave Green, decide demandar al fabricante de los productos que llevan décadas estallándole en las manos. Will Forte interpreta al abogado que lo ayuda y John Cena al representante legal de la compañía. La película combina animación e imagen real; su estreno estadounidense fue el 28 de agosto de 2026. La ficha de Legion M, socio de su distribución, recoge también su lanzamiento bajo demanda el 29 de septiembre, con enlaces a Amazon y Apple TV. Esas fechas corresponden a ese lanzamiento; la disponibilidad depende del país.
La premisa permite darle otra vuelta al mecanismo de Jones: aquello que en los cortos era una sucesión de trampas fallidas se convierte en un conflicto con quien fabrica las herramientas. Desde el clown, podemos leer ese cambio como un desplazamiento del partenaire: el personaje dirige su obstinación hacia la empresa que abastece sus desastres. El catálogo ACME deja de ser solo una fuente de soluciones imposibles y pasa a ocupar el lugar del adversario.
La conexión con el metalenguaje funciona aquí como lectura del universo de los cartoons: el personaje examina las condiciones que hacen posible su fracaso repetido. Conviene distinguir esta película del trabajo de Jones, fallecido en 2002: es una reinterpretación contemporánea de ese legado. Pueden consultar el tráiler y la información oficial de Coyote vs. ACME para continuar la conversación.
Tres cortos para seguir mirando
Los títulos enlazan a fragmentos publicados por el canal oficial WB Kids en YouTube. Permiten observar los mecanismos comentados; son selecciones de los cortos, no versiones íntegras.
Duck Amuck (1953): para estudiar cómo un personaje sostiene su identidad mientras cambian las condiciones de la representación. El gag convierte el soporte de la obra en compañero de juego.
One Froggy Evening (1955): una rana canta y baila para quien la encuentra, pero deja de hacerlo cuando él intenta exhibirla ante otras personas. Podemos leerlo como una cruel inversión del número de variedades: el talento existe, pero se niega a aparecer cuando hay público.
What’s Opera, Doc? (1957): la persecución entre Bugs y Elmer adquiere dimensiones operísticas. Una buena ocasión para observar cómo la música, la pose y la desproporción entre conflicto y forma pueden construir comedia.
Para ampliar la comparación con Bugs, pueden ver también Rabbit Rampage (1955), en la selección oficial «Fourth Wall Breaking Bugs» de WB Kids. El dibujo, el borrado y la discusión con el animador vuelven a convertirse en materia del gag.

Una pequeña tarea para payasos
Después del vídeo, prueben a volver a un gag y detenerlo en tres momentos: cuando entendemos lo que el personaje quiere, cuando creemos saber lo que ocurrirá y cuando él descubre lo que realmente ha pasado. Miren dónde coloca Jones la pausa y cuánto cuenta una ceja, un apoyo del cuerpo o un cambio de dirección.
Después podemos llevarlo al ensayo: una tarea sencilla, un objeto y una dificultad. Dejar que el público vea el problema. Dar al personaje tiempo para equivocarse. Y descubrir qué hace para seguir adelante cuando su maravillosa solución acaba de estallarle en las manos.
Si quieren seguir tirando del hilo, en Clownbaret.tv tenemos también el recorrido de El número del espejo roto: otra manera de observar cómo una misma idea viaja entre intérpretes, épocas y lenguajes.
Fuentes y lecturas
Además del vídeo de Every Frame a Painting y las fuentes enlazadas en el texto, pueden ampliar la relación con la formación de payasos en Chuck Jones and Steve Smith, de Jonathan Lyons (2018), basado en su conversación con Smith. Los análisis escénicos y los ejercicios de esta entrada son propuestas de lectura de Clownbaret.tv.


