Carnaval de Tenerife, Murgas y Bufones.
A pesar de que actualmente haya algún grupo, local o individuo impulsando el payaso en Canarias, la verdad es que el mundo del Clown, desde aquí desde Tenerife, se vive bastante solitario.
Siempre en la lucha de mostrar que el arte del payaso no es sólo cuestión de niños y fiestas infantiles, sino que va humanamente mucho más lejos y que el público adulto necesita jugar y respirar la humanidad e ilusión del payaso mucho más si cabe, de lo que lo necesitan los niños.
Sin embargo, a pesar de esta «soledad del payaso isleño», la primera imagen que tengo en el recuerdo de un payaso, es la mía propia en un carrito de niño pequeño paseando por el carnaval de Tenerife, isla donde nací.
Por supuesto un disfraz no es un vestuario y el hábito no hace al monje, claro está, sin embargo siempre pienso que este, nuestro carnaval chicharrero, está emparentado con los payasos y los bufones desde su origen.
No es tan disparatado este pensamiento, teniendo en cuenta que el Carnaval surge de una fiesta pagana, en contraposición o como preámbulo de la semana santa y que entre otras influencias, se encuentra la del carnaval de Venecia y la Comedia del Arte.
Es bastante común encontrarse en carnaval a cientos de personas disfrazadas de payasos, así como escuchar las gracias, críticas e ironías, a veces con más acierto que otras, por parte de las murgas de nuestro carnaval hacia personajes y personas que ostentan el poder.
Para un oído no entrenado, extraño o ajeno a nuestro carnaval, puede resultar algo difícil escuchar las letras de las murgas, (reconozco que algunas se pueden hacer prácticamente imposibles de escuchar) sin embargo una vez superada esa barrera podemos encontrarnos con joyas de la crítica como no encontramos en ningún otro medio.
Mi oído está acostumbrado desde pequeño, así que año tras año disfruto de su crítica y humor y pienso que son los bufones de nuestro pueblo.
Así como Philippe Gaulier explicaba que los bufones eran seres que salían desde el pantano a criticar a los reyes y autoridades una vez al año y si no hacían reír se les cortaba la cabeza, pienso que es la función que cumplen las murgas en nuestro carnaval, desgraciadamente, las menos graciosas en la actualidad siguen manteniendo su cabeza.

Por otro lado recuerdo que me llamó la atención cuando fuimos a entrevistar a Slava Polunin para el documental «Zapatos Nuevos, Payasos de Hoy en Europa», su especial interés en el Carnaval y en el aspecto lúdico y satírico del mismo. Nos contaba que investigaba sobre los diferentes carnavales del mundo y cómo esos grandes grupos de personas convivían en un espíritu de lúdico, siendo libres para disparatar y jugar detrás de sus disfrazes. Es cierto que no son muchos los lugares y momentos en que te puedes encontrar una situación en la que una señora tiende la ropa en la estatua de una rotonda, mientras un duende se ríe de la reina de Inglaterra, escoltada por sus guardias que no se inmutan ante la imagen de un cajero automático que camina frente a ellos.
Les dejo con un poco de historia y videos sobre el carnaval y las murgas y como no, con unos cuantos videos del concurso de este año, cuya final se celebró en el estadio Heliodoro Rodríguez López, albergando a un público aproximado de 16.000 espectadores.
Canción de La Afilarmónica Ni fu Ni fa, decana del carnaval de Tenerife, que ya no participa en concurso, pero que sigue siendo ejemplo para muchas murgas.
![]()
SEGUIMOS INDIGNADOS, uno de los temas de los BAMBONES, una de las murgas estrella, ganadora del primer premio de interpretación en este año 2012
![]()
CARNAVAL
Aunque algunos historiadores encuentran los orígenes del Carnaval en la antigua Sumeria o en las fiestas en honor del buey Apis en Egipto, parece demostrado que su celebración tiene su origen en Roma, en las celebraciones de las “lupercalias” (en honor del dios Pan), las “saturnalias”, (en honor a Saturno, dios de la siembra y la cosecha) y de las “bacanales”, ( en honor a Baco, dios del vino); unas fiestas que despedían el riguroso invierno y daban la bienvenida al año nuevo.
De hecho, la palabra “carnaval” parece provenir de “carrus navalis” (carro naval) que llamaban los romanos al barco sobre ruedas que transportaba en las bacanales, a modo de carroza, al sacerdote de Baco, entre los cánticos que protagonizaban personas disfrazadas de sátiros.
La difusión del Carnaval por toda Europa fue posible por la expansión del Imperio Romano, llegando a épocas del medievo donde la fiesta se cristianiza.
Es lógico pensar que, al igual que su actividad y estructura socio-económica y política, su religión y sus costumbres, portugueses y españoles llevaron también sus fiestas y sus celebraciones a la América latina y a Canarias, tras la conquista y colonización de estas tierras, y, por ello, también la celebración del Carnaval, a pesar de la consabida oposición que tenían los Reyes Católicos con esta fiesta.
Las primeras referencias escritas que se conservan sobre la fiesta datan de finales del siglo XVIII, gracias a manuscritos de algunos visitantes y, más tardiamente, a algunas disposiciones oficiales, especialmente prohibiciones, o regulaciones que pretendían canalizar el desenfreno de esos días en evidente salvaguarda del “orden social y moral” por parte de la autoridad civil y eclesiástica.
Mientras que de poblaciones tinerfeñas como La Laguna, La Orotava o Puerto de la Cruz se tienen noticias de la celebración del Carnaval entre los años 1800 y 1810, la primera referencia a Santa Cruz en tiempos de Carnaval data de 1778.
No es extraño que la aparición de las primeras referencias del Carnaval santacrucero se encuentren, precisamente, en esas fechas, pues ello coincide con el hecho de que, por aquellos tiempos, Santa Cruz dejó de ser un pequeño puerto al abrigo de La Laguna, – que era a los efectos la capital insular -, y pasó a convertirse, por su tráfico, en el puerto más importante del archipiélago. Esta actividad portuaria impulsó su desarrollo urbano. También, con el citado desarrollo portuario, aparece en la población una burguesía, ligada a la actividad comercial, que protagoniza la celebración de bailes y fiestas en sus domicilios particulares, sobre todo en épocas de Carnaval, creando otra alternativa a la celebración de la fiesta que el pueblo llano, mayoritariamente, celebraba en tabernas y plazas.
Imágenes tomadas de Youtube del Carnaval de Noche
![]()
Sabemos que los organizadores de los mismos pertenecían por lo general a la clase más selecta de la sociedad santacrucera, entre los que destacaban las autoridades militares, que convidaban a viajeros de importancia que se encontraban de paso, así como a otras personas procedentes de La Laguna y del interior de la isla, las cuales disfrutaban de unas veladas donde reinaba, a parte del juego, la música y los bailes, las representaciones teatrales y las actuaciones de las primeras agrupaciones formadas para el disfrute del Carnaval santacrucero, citadas en distintos documentos como “comparsas”, que irrumpían, en las casas particulares de la llamada alta sociedad, donde, tras ofrecer su actuación o repertorio, se les invitaba a un refrigerio.
Unas comparsas que, en un principio estaban constituidas por el elemento militar, perteneciente a los regimientos de Ultonia y de América, – primera guarnición que se asentó en Tenerife, en 1798, tras el fallido intento de conquista de la isla por parte de las tropas de Nelson -, y que fueron, en sus inicios, no solo los únicos facultados para formar estas agrupaciones carnavaleras, sino que, además, quienes introdujeron y protagonizaron en las calles, plazas y tabernas de la población, en tiempos de Carnaval, la diversión desenfrenada y el desorden, puesto que, evidentemente, la tropa vivía un Carnaval distinto al que disfrutaba la oficialidad, pues, como puede suponerse, el Carnaval no se celebraba por igual en todas las capas de la sociedad santacrucera.
Esos desenfrenos del elemento militar, a la hora de divertirse en días de Carnaval, así como de las capas más populares de la población, que vivían unos carnavales más bulliciosos y participativos, con más ambiente festivo y despojado de toda etiqueta y del encorsetamiento que se exigía en la alta sociedad en sus celebraciones , motivaron que arreciaran, por parte de la autoridad pertinente, las disposiciones restrictivas y ciertas prohibiciones que afectaban al uso de algunos artículos durante la fiesta, así como la regulación de ciertas actitudes y hasta el uso de la máscara.
Imágenes tomadas del Carnaval de día
![]()
Sin embargo, ello propicia la aparición de un talante con visos de gran tolerancia en las autoridades locales, que viene a ser, con respecto al Carnaval de Santa Cruz, un denominador común a lo largo de su historia, incluso en épocas de la prohibición más absoluta de la fiesta, pues en muchas ocasiones dicha actitud era criticada por personas de otras poblaciones al contemplar que las medidas restrictivas que pesaban sobre el Carnaval eran celosamente guardadas en otras localidades y no en Santa Cruz, como sucediera en 1783, por citar un ejemplo, cuando un bando publicado por el Corregidor, en el que se vetaba el uso de máscaras “por estar prohibidas por Reales Ordenes”, motivó graves sucesos en La Laguna, mientras que en Santa Cruz tal prohibición no se llevó a efecto.
También es cierto que, en otras ocasiones, y debido a los excesos de algunos, el espíritu indulgente de la autoridad local cambiaba durante el transcurso de la fiesta, como sucediera en 1799 cuando el alcalde real ordinario, don José María de Villa, tras permitir las máscaras en Carnaval, publicaba un edicto mediante el cual, – por el abuso de vecinos y transeúntes “pues muchas personas se valen de este disfraz reprobado por la ley para encubrir sus desórdenes y odios de lo que ha habido ejemplares en estas últimas noches” -, quedaba prohibida la máscara.
Sin embargo, y a lo largo de los tiempos, encontramos que era más habitual la tolerancia, el “hacer la vista gorda”, pues, por lo general, la inmensa mayoría de la población “se conduce de un modo correspondiente a su educación y carácter”, y que la autoridad local era consciente de que la falta de celo solo afectaba “a cierto número de individuos”, que obligaba a mantener vigentes las sanciones, para quienes infringían los bandos de prohibición, en aras de prevenir alborotos y otros males.
Las prohibiciones, con aquellos primeros bandos realizados por la alcaldía, – y que llegaron a su punto más álgido con las ordenanzas municipales de 1852, donde aparecen hasta ocho artículos concretos dedicados al Carnaval -, sin duda alguna jugaron un papel importantísimo en el devenir y la evolución de este carnaval, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pues esa reglamentación motivó varios cambios de importancia que, a la postre, resultó dotar de personalidad propia al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife.
.jpg)
Sin perder de vista el ancestral uso de la máscara en Egipto, en la cultura japonesa o en el teatro griego, parece demostrado que la introducción de la máscara, como elemento propicio del Carnaval, acontece en el siglo XIII en Venecia y, posteriormente, al igual que otros usos y costumbres, fue auspiciada por otros carnavales de Europa.
En España, el uso de la máscara en tiempos de Carnaval fue motivo, durante siglos, de las más fervientes prohibiciones y enconadas persecuciones, pues no en pocos casos proporcionaron en más de una ocasión la impunidad indebida, el encubrimiento, el secreto oculto o el misterio enigmático en actos de venganza, romances, conspiraciones, amoríos, burlas o ajustes de cuentas que la autoridad debía atajar.
En Santa Cruz, aunque también se implantaron las mismas medidas restrictivas o prohibiciones que en el resto del reino, y otras emanadas de la autoridad local, el uso de la máscara, careta o antifaz no pudo ser abolido, llegando a su punto más álgido con las llamadas “tapadas”, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, protagonizadas por damas pertenecientes a la “sociedad selecta” que, cubriéndose el rostro con una máscara, se mezclaban con la gente en festejos populares; constituyendo lo que podría ser la génesis de la mascarita canaria, tan usual en la isla a finales del siglo XIX y gran parte del siglo XX.
Una de las últimas actuaciones en carnaval de uno de los iconos del carnaval Celia Cruz.
![]()
Hay quien sostiene que, entre las citadas “tapadas”, podría esconderse, algún representante del sexo contrario, lo cual viene a ser, aún hoy en día, una forma muy habitual de vivir también la fiesta, haciendo vigente el ambiente que describía en el año 1605 Gaspar Luis Hidalgo, donde se alude a esta costumbre de invertir los sexos por medio de disfraces, – algo muy generalizado en la mayoría de los carnavales del mundo -, y que ha sido tan criticada siempre por la iglesia por considerarla una actitud excesivamente transgresora de la moral.
Pese a los innumerables bailes en los distintos grupos sociales de la población, el Carnaval santacrucero siempre se distinguió por ser eminentemente callejero. Cada edición del “Viejo Carnaval”, – así conocido al Carnaval de Santa Cruz celebrado en las ediciones anteriores a la guerra civil española -, comenzaba de manera invariable con la presencia de los niños que, cual pregoneros, anunciaban con sus cánticos y su griterío, en prematuras horas del primer día de Carnaval, la llegada de las fiestas: “el sábado de preludio, o de vísperas, salían a la calle los bullangueros ranchos de chiquillos como precursores de la fiesta“.
Durante el periodo comprendido entre 1900 y 1936, – año del inicio de la guerra civil española -, una serie de acontecimientos, en su mayor parte ajenos a las islas, acondicionaron de algún modo la celebración del Carnaval en Santa Cruz. Tras comenzar el siglo con el recuerdo próximo del desastre colonial del 98, el estallido de la primera guerra mundial, años más tarde, afectó decisivamente en la vida insular, y por ende en la fiesta, al igual que el Carnaval de 1924, primero de la dictadura de Primo de Rivera, un periodo que marcó el desarrollo de las fiestas con el signo de la prohibición, entre comillas, y la división del archipiélago en dos provincias, en 1927. La República, por el contrario, liberó al Carnaval canario de las trabas anteriores, situándolo en sus cotas más altas, solamente sesgado por la guerra civil y los años de la posguerra, dejando truncada su celebración por mucho tiempo.

Durante muchas décadas, la celebración de estas fiestas, – precisamente por desarrollarse en la antesala de la Cuaresma cristiana, del ayuno y del recogimiento -, suponía la permisión, por parte del pueblo, de la ruptura sin pudor de cánones morales, la permisión de tolerar la ¿necesidad? de los participantes de ridiculizar, caricaturizar o parodiar situaciones afines y personajes conocidos, con más o menos contundencia, por medio de disfraces o canciones, la trasgresión de las normas establecidas, el protagonismo de la burla, la sátira, el desenfreno o la promiscuidad, el exceso también en lo culinario como preludio del hecho de desterrar la carne para cumplir con la exigida abstinencia cuaresmal, y, en definitiva, una rebeldía popular llevada en volandas a través del disfraz, de la máscara, de los cánticos alegres, de la algarabía y de la broma.
En Santa Cruz de Tenerife, el Carnaval, se ha convertido en la más popular, la más multitudinaria y participativa de cuantas se celebran hoy en día en la Comunidad Europea; una fiesta que, desde 1980, tiene la distinción de ser declarada oficialmente “Fiesta de Interés Turístico Internacional”; una fiesta que, pese a sus orígenes y evolución en los distintos países, en Santa Cruz se ha convertido en una actividad festiva de honda raigambre popular, de carácter lúdico, que combina algunos elementos como disfraces, espectáculos, desfiles y, sobre todo, una multitudinaria fiesta bailable, sana y bullanguera, en plena calle, al aire libre, en distintas vías del casco urbano antiguo, con un ambiente que admira a propios y extraños tanto por la multitudinaria participación ciudadana y extraordinaria convivencia y hospitalidad en sana diversión compartida, como por la ausencia de delitos o actos hostiles.
MURGAS.
Premio Criticón 2012 – «Recortados». Murga Los Bambones
![]()
A principios del siglo XX, avanzado el año 1914, con el estallido de la primera guerra mundial y ante la certeza de que submarinos alemanes operaban en aguas de las islas Canarias, se ordenó a un cañonero de la Marina de Guerra española, denominado “Laya”, arribar y permanecer de apostadero en la bahía de Santa Cruz, – entonces capital del archipiélago -, para realizar misiones de vigilancia, patrullando constantemente, y durante varios años, por aguas de las islas. En el Carnaval de 1917, la marinería del “Laya” obtuvo el visto bueno, por parte de la oficialidad, de disfrutar del Carnaval de Santa Cruz, participando en el mismo constituyendo una chirigota, fieles a la tradición de su tierra, puesto que la inmensa mayoría de la tripulación era gaditana.
Así fue como el pueblo santacrucero fue testigo de una nueva forma de vivir la fiesta, un nuevo modo de participar en la fiesta, de constituir un grupo musical de corte bufo donde la letra de las canciones era más importante que la interpretación de las mismas, pues contenían temas propios de la actualidad isleña y otros más banales de contenido “picante”, y donde el humor y la crítica jugaban un papel fundamental en sus composiciones y actuaciones.
Por ello, puesto que esta nueva forma de vivir la fiesta caló muy hondo en el Carnaval tinerfeño, y fue totalmente aceptada por el pueblo como un colectivo carnavalero más, puede afirmarse, sin temor a equívocos, – queda así reflejado en la prensa local de aquellos momentos -, que aquellos marineros constituyeron la primera murga creada por y para el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, aunque de una forma “achirigotada”, puesto que crearon escuela y ya, al año siguiente, cantando canciones similares con contenido crítico y humorístico, se vieron recorrer las principales calles y plazas de la población, imitándoles, varios grupos de carnavaleros que, sin saberlo, irían dotando de una personalidad propia a este tipo de agrupaciones, para culminar en esa forma particular o cualidad que constituye, hoy en día, a la murga tinerfeña y, por ende, a la murga canaria, – puesto que esta forma de participar en la fiesta traspasó no solo el ámbito municipal sino también el insular, pues, en la actualidad, existen murgas en todas las islas Canarias, incluida la isla de La Graciosa -; una murga canaria que, hoy en día y pese a tener sus mismas raíces, evidencia una diferencia muy considerable con las agrupaciones gaditanas, lo que constituye otro endemismo carnavalero propio de Santa Cruz de Tenerife: la murga canaria.
Como todo el carnaval, la murga recibió influencias del Carnaval de Venecia y por consiguiente de la Comedia del Arte, adoptando los personajes de Momo, Pierrot y Colombina, que derivarían en los actuales disfraces y maquillajes de Payaso en las Murgas del carnaval.
FUENTE.
Fotografías tomadas del periódico La Opinión de Tenerife http://www.laopinion.es/especiales/carnavaltenerife/imagenes-2012.html
[tubepress mode=’tag’, tagValue=’murgas 2012 Tenerife’, resultsPerPage=’8′, description=’false’, thunbHeight=»90′, thumbWidth=’120′, orderBy=’viewCount’]


