Johannes Franciscus Buziau. El gran payaso holandés de los tiempos de Chaplin y Grock
En los Países Bajos de entreguerras, Johan Buziau era uno de esos artistas por los que se compraba una entrada. Su nombre sostenía las grandes revistas y sus espectáculos se celebraban como acontecimientos nacionales. Los contemporáneos lo colocaban junto a Chaplin, Grock y los Fratellini. Hoy apenas circulan imágenes de sus números, y esa escasez ha empequeñecido su lugar en la historia del clown.
Se llamaba Johannes Franciscus Buziau. Había nacido en La Haya en 1877, hijo de artistas, y pasó parte de la infancia con sus abuelos en el barrio teatral de Ámsterdam. Allí organizaba pequeñas funciones con amigos. El escenario le quedaba cerca.

El profesor Rikiri sale de gira
A los diecisiete años trabajaba en el Victoria de Ámsterdam con un grupo de jóvenes acróbatas y sus escaleras. En 1896 se incorporó a una gira del empresario Frits van Haarlem que llegó hasta Túnez. De aquel circuito de variedades salió el Profesor Rikiri, una parodia de mago con la que encontró su primer gran éxito. Mantuvo ese número durante nueve años.
Buziau aprendió a sostener una actuación propia ante públicos de distintos países, en programas donde había que ganarse la atención entre atracciones muy diversas. Su reconocimiento empezó en el varieté, antes de convertirse en la gran figura de la revista holandesa.
La Primera Guerra Mundial cortó las giras. En 1914 sustituyó al cómico Piet Köhler, movilizado, en la compañía de Henri ter Hall. Permaneció allí hasta 1928; después, la Bouwmeester-Revue lo convirtió en su gran reclamo. Tenía más de cincuenta años y muchísimas tablas ya cuando llegó esa etapa de enorme popularidad.
En 1933 recibió la Orden de Orange-Nassau. La distinción da una idea del reconocimiento público que había alcanzado un hombre cuyo oficio era hacer el payaso. Al nivel de Chaplin, Grock, Rivel o incluso actualmente algún Monty Python fue condecorado y reconocido por todo su país.
Un payaso dentro de la revista
La revista le permitía cambiar de oficio y de condición social en cada cuadro. Bajo los trajes seguía apareciendo el mismo rostro blanco y la nariz roja. Su voz ronca también formaba parte del personaje. El célebre stil spel, ese juego sin palabras que tanto admiraban sus espectadores, convivía con diálogos y escenas de conjunto; reducirlo a un mimo deja fuera una parte importante de su trabajo de comedia física.
Un crítico de 1930, Van den Eeckhout, dejó una observación muy precisa: para mostrar la sumisión de un camarero, Buziau doblaba un instante el cuerpo en forma de S. El gesto bastaba para que se entendiera la relación con quien tenía delante. El artículo, «Buziau, een menschenspiegel», también describe su taller, donde como muchos grandes payasos, preparaba accesorios y partes falsas del cuerpo. Había bastante carpintería detrás de aquella aparente facilidad.
Los objetos que han sobrevivido ayudan a reconstruir ese oficio: un zapato cuya punta se abre, narices postizas, una chistera de madera que se desarma. La exposición del Museum Rijswijk de 2016 reunió esas piezas de la colección teatral junto al traje de millonario de Jolijt. El sombrero podía prometer elegancia y acabar hecho pedazos. Buziau llevaba el mecanismo del gag puesto encima al estilo de payasos de circo como los Rastelli.
En 1934, Toon Hermans lo vio en Heerlen. Tenía diecisiete años y salió queriendo hacer aquel oficio, el famoso «eso es lo que quiero hacer yo», en el que nos reconocemos tantos payasos. Empezó imitándolo. La TheaterEncyclopedie recoge ese encuentro, uno de los vínculos más claros entre Buziau y el humor neerlandés posterior. La exposición de Rijswijk recordaba también su influencia sobre Mini & Maxi.
Lo que queda en película y en la radio
Buziau temía que las películas de sus números compitieran con sus actuaciones. Esa resistencia, unida a la pérdida de varias cintas en las que sí participó, explica la pobreza del material disponible. El catálogo de Eye permite comprobar que tuvo una trayectoria cinematográfica, aunque hoy resulte difícil verla.
La copia que sigue circula en YouTube bajo el título Johannes Franciscus Buziau (1924). Esa fecha procede del título de la subida; conviene tomarla con cautela.
Una pieza especialmente valiosa es A Helping Hand (1912), en Eye Filmmuseum, también catalogada como Kermisgasten. Se conserva un fragmento, no la película completa. La sinopsis describe a un artista que ayuda a un viejo violinista actuando para los clientes de un restaurante: levanta una torre de mesas, sillas y cajas, trepa entre oscilaciones y termina con una caída. Es una pista concreta sobre el Buziau acróbata de los primeros años.
También participó en Jopie gaat trouwen (1912), considerada perdida. Para consultar materiales cinematográficos o pedir información sobre copias, Eye ofrece en sus fichas el contacto de Film Sales. La existencia de una ficha no garantiza que se conserve la cinta.
Con la radio hay más fortuna. La KRO grabó escenas de las revistas Bouwmeester. Wim Ibo enumera Lachende komedianten (1936), Knal (1937), Feest (1939) y Jolijt (1940). Son años de las grabaciones citadas, que pueden diferir de los estrenos teatrales. En De Schatkamer, de Beeld & Geluid, están localizadas estas dos escuchas:
- Lachende komedianten, 18 de febrero de 1936. Registro de 25 minutos y 44 segundos, con escenas de la revista. El catálogo advierte que solo conserva determinados fragmentos.
- Knal, 6 de abril de 1937. 43 minutos y 38 segundos. Incluye De Hotjassers, con Johan Valk, Willy Walden y Piet Muyselaar, y una intervención de Buziau como vendedor de cordones. Procede del Scalatheater de La Haya.
Para Feest y Jolijt, la referencia de Ibo acredita la conservación de sonido, pero queda por identificar una copia concreta accesible en línea. Beeld & Geluid es el archivo al que dirigir esa consulta, indicando título, año y emisora KRO.
Hay además un ensayo con Siem Nieuwenhuizen de 1933, de 1 minuto y 43 segundos, y dos documentales: Johan Buziau documentaire (KRO, 26 de diciembre de 1963) y Buziau (6 de noviembre de 1979), este último con Charles Buziau y Han Peekel. Son programas retrospectivos, útiles para buscar testimonios y materiales reunidos después de su muerte.
La retirada y una casa en Rijswijk
En junio de 1942 dejó Sprookjesland. Al mes siguiente fue internado como rehén en Haaren durante la ocupación nazi. Lo liberaron pronto, pero la experiencia lo afectó profundamente. Después de la guerra no volvió a los escenarios. Murió en Rijswijk en 1958.
En esa ciudad se conserva otro rastro de su importancia. A finales de junio de 2024 se descubrió una placa en Geestbrug 55, la casa en la que vivió desde 1925 hasta su muerte. Homenaje impulsado por René Marquard y la asociación histórica de Rijswijk. En el recordatorio aparecen los nombres de Toon Hermans, Wim Sonneveld y Wim Kan: artistas que crecieron viendo en Buziau una referencia del oficio.
Entre los materiales que siguen apareciendo hay dieciséis diapositivas en color de Jolijt, tomadas en 1939–1940 y donadas a la colección teatral. Las imágenes, atribuidas al fotógrafo aficionado Evert Deddes, parecen tomadas desde la sala. La donación se incorporó a la Theatercollectie de la Universidad de Ámsterdam y fue anunciada en 2017.

