Niño Costrini
Dada mi deformación profesional (vengo contaminado de la coronilla hasta los tobillos de Gaulier) siempre desconfié del talento para el clown de los buenos malabaristas.
Así que cuando me hablaron del curso de malabares que podría impartir el gran crack, «Niño Costrini» a quien aún no había visto, me daba curiosidad pero no me quitaba el sueño.
Cuando finalmente ví a Costrini actuar por primera vez, me pareció un gran showman. Un crack del entretenimiento callejero, con un gran manejo del público, apoyado por una gran técnica en los malabares y unos ingeniosos efectos de sonido, pero no vi en él lo que yo considero que es un payaso. De eso debe hacer ya al menos unos once años.

Hace unos cinco años, como director artístico del Festival Internacional Clownbaret (FIC), tuve la ocasión de contar con él en nuestra programación ya que nos gusta mostrar toda la variedad y los límites del clown o payaso. Entonces además de encontrarme con una gran persona, me encontré con un gran payaso callejero. Habían pasado ya unos años desde la primera ocasión que lo vi y el tío se había convertido en un grande. Con el mismo show que llevaba haciendo años y años, Costrini había madurado de personaje-showman a payaso callejero de lo mejorcito que he visto nunca. Así que quedamos con ganas de traerle de nuevo y cómo no de compartir unas horitas de charlas payasiles.
Entre tanto y tanto este año, tuve la fortuna de volver a verlo en Tenerife en el Festival Mueca. Iba expresamente a ver su «nuevo» show Humanus Cómicus al día siguiente y me lo crucé por casualidad. Siempre me alegra encontrarme con amigos payasos y peco de creerme que todo conocido es mi amigo así que me dio mucha alegría encontrármelo. Conversamos muy poquito y seguí de público de festival, con más ganas aún de ver su show al día siguiente.

Finalmente lo ví `humanus cómicus´y me encantó. A pesar de no parecerme el mejor lugar para el espectáculo una plaza con grada multitudinaria, disfruté como un niño, no, más bien como un adulto que es payaso. Disfruté de cada detalle de su espectáculo, del ritmo, de los gags, de la energía de las ideas más absurdas especialmente, de la reacción del público y de uno de los mejores payasos que tengo el placer de conocer. Reconocí dos gags clásicos hechos suyos por mérito propio y me reconocí en muchas de las locas ideas, especialmente con el número de circo contemporáneo, mi favorito de todo el show.
Hablando posteriormente con un amigo me comentaba que el otro show le parecía más redondo por la energía, los malabares y demás. A mí sin embargo, me gustó este muchísimo más, ya que recordé (o me inventé) cómo me comentaba Costrini las ganas de hacer transición hacia el teatro (mi lugar preferido para disfrutar de mi estilo predilecto de clown) y me parecía que este show era un gran paso en esa dirección.
Sea como sea, si alguna vez tienen ocasión de verlo, no se lo pierdan, porque no hay muchos payasos de calle de su nivel. Niño Costrini es un payaso en toda regla un auténtico crack un grandísimo payaso y un amigo.

