KARL VALENTIN, el clown trágico
Inimitable y bastante más desconocido hoy en día que otros clowns, seguramente por que mucho de su trabajo es con texto y en Alemán. Karl Valentin es uno de los grandes. Rey del cabaret alemán, transitaba del Vodevil a la televisión y al cine. Ha influenciado a grandes cómicos actuales como a Steve Martin, quien menciona haberle visto un truco sentirse inspirado por su torpeza.
Aquí les dejamos un texto biográfico tomado de: http://www.teatrosinparedes.com/CAC_TO_Autor.html
Valentin Ludwig Fey, alias Karl Valentin, nace en 1882 en Munich (Alemania). A pesar de su asma crónico, su debilidad física, su terror a los transportes públicos, la muchedumbre y los perros, este hijo de transportador abandona su carrera de carpintero y decide ser cómico. Después de más de diez años de fracasos sucesivos, se une a Liesl Karlstadt.
Juntos conocen un éxito considerable en toda Alemania. Pero el temor de Valentin por los viajes le impedirá presentarse más allá. Con la llegada de los nazis, todo se complica. Valentin y Karlstadt se separan. Él sigue escribiendo, pero sin actuar.
Su fama se deteriora y su salud declina. El 9 de febrero de 1948, Karl Valentin muere extenuado y casi olvidado. Su amigo Brecht saludó la originalidad de este artista, en el cual se fusiona lo grotesco y lo trágico: “Una de las figuras más conmovedoras de nuestro tiempo”.
No sólo genio del escenario, rey de la broma y del humor frío, Karl Valentin, al que muchos consideraban al igual que Charlie Chaplin, era también un mago del verbo, capaz de manipular el contra-sentido hasta el sentido y viceversa: un precursor del teatro del absurdo según algunos. Él y Liesl Karlstadt, ella pequeña y gordita, él increíblemente longilíneo, constituyen la imagen misma de los conflictos de familia, del trabajo y de las relaciones comerciales, de los cuales, con un genio de la complicación, destruyen el conformismo.

Karl Valentin es un virtuoso de la complicación. Se puede decir que nada se hace durante sus sketches, pero todo se complica, y finalmente se deshace. Sin embargo esta complicación no nos conduce al conflicto que la simplificaría, sino a la reproducción indefinida del momento que lo precede. De aquí sale una impresión laberíntica: regreso a los mismos obstáculos, multiplicación de las falsas elecciones, avances que en realidad son retrocesos, un andar de cangrejo. A través de este despliegue de la complicación, nunca nada conduce a algo, sino a nada.


